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jueves, 22 de marzo de 2012

DEMOCRACIA Y REVERSIONES - JUAN PRATS

Revista Gobernanza

Demócratas y democratizaciones


Autor: Joan Prats
Últimamente, tras las llamadas tercera y cuarta olas democratizadoras, la palabra democracia se aplica a realidades políticas tan diferentes que resulta cada vez más difícil saber de qué se está hablando. ¿Los procesos electorales de Afganistán o Irak son democratizaciones? ¿Está caminando la República Popular China hacia un proceso democratizador por un vía institucional propia y distinta a la seguida por las democracias occidentales? ¿Es la Nicaragua actual una democracia? ¿Son demócratas quienes compiten en las elecciones practicando el clientelismo, mercantilizando la política, patrimonializando el Estado o gobernando arbitraria y corruptamente?
Estas dificultades han intentado salvarse recurriendo a la "calidad" de la democracia. Lo que importa -se dice- no es tanto la democracia como su calidad. Hay democracias y demócratas de primera, segunda y tercera, por lo menos. Los politólogos han detectado más de quinientos usos diferentes del término y muchos de ellos hablan de pseudo-democracias, semidemocracias, democracias delegativas, poliarquías, democracias liberales, democracias participativas y un larguísimo etc. Pero ¿cómo se mide y evalúa la calidad de una democracia?
Los intentos y propuestas de medición de la democracia no han sido pocos desde que hace aproximadamente diez años se levantó la veda para que la cooperación internacional abarcara el hasta entonces inexplorado campo del apoyo a los procesos de democratización. La pregunta inicial fue ¿cuán democrático es un país comparado con los otros? ¿Están avanzando o retrocediendo sus indicadores de democratización? ¿Quién está realizando el mayor esfuerzo democrático y mereciendo mayor apoyo de la cooperación? Pero hoy la comunidad de profesionales especializados en la cooperación a la democracia ya no está encontrando de mucha utilidad las mediciones con tanto esfuerzo realizadas. Esto se debe a que:
Las mediciones de la democracia están basadas en un concepto específico de democracia (normalmente las democracias electorales o procedimental es, las "poliarquías" o las democracias liberales) que no se corresponde con el proceso democratizador que están viviendo muchos países. En otras palabras, las democratizaciones en curso en el mundo no tienen por qué seguir, ni es aconsejable que sigan, la senda de democratización los países noroccidentales.
Las mediciones de la democracia no dicen nada de los obstáculos, del compromiso democratizador ni de las vías de democratización existentes en un país específico. No dicen nada de las estructuras socioeconómicas, del mapa de actores estratégicos, de los conflictos, ni de las instituciones políticas informales.
Los indicadores de democracia, incorrectamente interpretados, pueden dar lugar a una asignación inapropiada de los recursos de cooperación, pues pueden valorar más positivamente las democratizaciones que mejor responden al modelo de los donantes e ignorar otras -quizás más apropiadas y creativas- que les resultan ajenas. '
En realidad lo que necesitamos es prestar más atención a la historia de los países en democratización y a la forma de su inserción internacional. Necesitamos análisis en profundidad de la calidad de las democracias, lo que no puede hacerse sin considerar lo específico y singular de cada proceso y momento democratizador. Necesitamos una mejor comprensión de las prácticas tradicionales de mediación entre los ciudadanos y el Estado, que a veces contrastan fuertemente con las tradiciones occidentales más individualistas, pero que no son necesariamente contrarias al avance democratizador.
Hace unos cinco años, International IDEA, un organismo intergubernamental independiente con sede en Estocolmo, creado como emprendimiento de los gobiernos nórdicos europeos y operante a nivel mundial, hacía un balance de las lecciones aprendidas en 10 años de esfuerzos de cooperación a la democracia, no vinculados a la promoción de los intereses y conceptos de ningún grupo de países. Destacamos:
Es necesario tomar en cuenta las estructuras socioeconómicas en que la democratización se produce. No hay que caer de nuevo en la teoría de la modernización y hay que mantener firmemente el derecho a la democracia en cualquier situación socioeconómica. Pero las estrategias de democratización serían ciegas si no consideraran estas situaciones. La pobreza y la desigualdad tienden a convertir el voto del pobre en la venta de un activo y en consecuencia a degradar en clientelismo las instituciones electorales. La libertad humana es mucho más que las libertades políticas y la admonición de Hayek sigue teniendo sentido: concediendo derechos políticos a un esclavo no lo convertimos en un ser libre. Los politólogos nos recuerdan, por ejemplo, cuán difícil resulta institucionalizar partidos políticos en contextos de pobreza, desigualdad y mercados fragmentados.
La democratización, a nivel meramente interno, no tiene pleno sentido en tiempos de globalización. Existe un desequilibrio entre el ritmo de la globalización y la capacidad para regularla, de lo que se derivan muchas asimetrías. La democratización requiere hoy poner énfasis en la distribución equitativa de los beneficios en una economía crecientemente abierta, con acciones que promuevan la participación democrática de todos los países y pueblos en el gobierno de las relaciones internacionales. En nuestro tiempo la construcción de la democracia en un país es inseparable de la democratización de la gobernanza global. Uno de los méritos de la democracia es proporcionar un sentimiento razonable de que las cosas están bajo control de la gente. Pero la globalización en su forma actual está poniendo las cosas fuera de control y generando frustración y resentimiento, especialmente entre los que se sienten más vulnerables o dañados por su injusta dinámica.
Mejorar la calidad de la democracia implica ir cambiando las instituciones políticas tanto a nivel formal como informal. Pero el cambio de la informalidad exige cambiar no sólo regímenes sino actitudes, competencias, mentalidades y valores. Todo esto significa conflicto. Ni hay dinámica ni aprendizaje social sin conflicto. Pero el conflicto violento es lo opuesto a la democracia. Cuanto más conflicto es capaz de canalizar institucionalmente, mayor es la calidad de una democracia. Pero cuando las instituciones democráticas formales son insuficientemente representativas e incapaces de agregar los diversos intereses sociales, hay que apoyar los procesos de democratización mediante la formación de arenas políticas en las que los actores en conflicto puedan reconocerse y llegar a acuerdos.
Las democracias nunca acaban de consolidarse, siempre están en riesgo, en cada momento tienen que responder a desafíos específicos, son un viaje permanente y no un puerto de llegada prefigurado institucionalmente. El precio de la libertad -decían los antiguos republicanos- es la vigilancia permanente, o sea, la ciudadanía activa como diríamos hoy.
Pero si la democracia no tiene una senda institucional única ¿cómo distinguiremos y reconoceremos los verdaderos procesos de democratización? ¿cuál es el valor final desde el que analizar normativamente la democracia? Les propongo reflexionar sobre la propuesta axiomática siguiente: el pilar normativo último que soporta la construcción democrática ha de ser el valor igual de la vida humana, la consideración de todo ser humano como un fin en sí mismo, libremente autodeterminado sin que resulte moralmente admisible el que sea instrumentalizado por ningún otro ser humano. De este axioma se deduciría, necesariamente, un derecho humano universal a la participación política en condiciones de igualdad, pues estando nuestra libertad limitada por las instituciones de la vida en común -fuera de las cuales somos la peor de las bestias como recordaba Aristóteles- la definición y reforma de esas instituciones -la política- debe ser hecho entre todos y en condiciones de igualdad.
El concepto de democracia que les propongo es exigente, es republicano, no es el del liberalismo político. No basta con crear unas instituciones que nos garanticen la unidad, la libertad y la diversidad. Es necesario que en la creación de las instituciones y políticas que condicionan nuestra vida en libertad, podamos participar en condiciones básicamente iguales. Ello significa que la construcción de la institucionalidad democrática no puede separarse de la superación de la pobreza y de la desigualdad, es decir, de la construcción progresiva de capacidades humanas básicas iguales.


Medio siglo de democratizaciones y reversiones democráticas
Lecciones aprendidas

Entre 1960 Y 2004 el mundo registró 123 episodios de democratización en 88 países. De ellos han sobrevivido en democracia 67 y han sido derrocados 56. Las tasas de reversión democrática han variado mucho por regiones mundiales. En América Latina tuvieron lugar 17 episodios de democratización de los que fueron revertidos 9 (un 35%). (Datos de Polity IV). Puede decirse que la mitad de las jóvenes democracias del mundo están luchando por consolidar sus instituciones. ¿Cuál es el fantasma que amenazante las recorre? ¿Dónde se encuentran las raíces de su debilidad?
Sigamos con los datos a nivel mundial. De los 56 casos de reversión democrática, la duración media de las democratizaciones fue de 6 años. Casi el 68% de las democratizaciones revertidas lo fueron durante los 5 primeros años y casi el 84% durante los primeros diez. De las democracias revertidas muchas emprendieron segundos y terceros procesos de democratización. Los segundos procesos emprendidos se mantuvieron en un 47% y los terceros en un 64%.
Las tasas de sostenibilidad y reversión democrática oscilan mucho por regiones y por tiempos. A nivel mundial de las 26 democratizaciones producidas en los años 60 sólo se mantuvieron el 11'5%; de las 20 producidas en los 70 se mantuvieron e130%; de las 17 de los 80, el 76'5%, Y de las 52 de los 90, el 72'5%. En América Latina se produjeron 26 episodios democratizadores (6 en los 60,3 en los 70, 11 en los 80 y 5 en los 90) de los cuales se han mantenido 17 y revertido 9.
¿Cuáles son las variables de orden económico, social y político que correlacionan con la mayor propensión al mantenimiento o a la reversibilidad de las democratizaciones?
Los países que han mantenido sus procesos democráticos son en general más ricos -o si se quiere menos pobres- con un renta media de 2.618 $ (en dólares de 2006). Los países donde se han revertido los procesos democráticos tienen una renta media mucho menor: 866 $. Pero otros datos sugieren que el crecimiento económico no es razón suficiente para la sostenibilidad democrática.
La desigualdad ha sido mucho mayor en los países donde se ha revertido que en los que se ha sostenido la democracia. Igualmente las tasas promedias de población viviendo con menos de un dólar día eran del 40% en los primeros y del 20% en los segundos. La tasa de mortalidad infantil era el doble en los países que han revertido la democracia que en los que la han sostenido. Estos datos sugieren que las desigualdades severas en ingresos, activos u oportunidades importan a la hora de explicar la supervivencia o reversión de los procesos democráticos.
Hay otras divisiones no económicas que parecen importar como es el caso de la fragmentación etno-lingüística de una sociedad (Alesina). Los datos muestran que en los países con una fragmentación etno-lingüística superior a la media las reversiones democráticas alcanzaron un 51 % mientras que en los que este índice se situaba por debajo de la media la reversión alcanzó el 38%.
La renta per cápita, la pobreza, la desigualdad, la mortalidad infantil o la fragmentación etno-lingüística influencian en la probabilidad de mantenimiento o reversión de los episodios democráticos. Influencian pero no determinan. Hay países con condiciones iniciales muy desfavorables (Mozambique, Malawi, Ecuador, Bolivia) en los que la democracia se ha mantenido, al menos por el momento. Estos datos sacuden el saber convencional según el cual las democracias entran en riesgo cuando el desempeño económico es pobre. No fue así en la Europa del Este cuyos países a principios de los 90 sufrieron un colapso económico comparable al de los años 30. La democracia fracasó en Tailandia a pesar de su fuerte crecimiento entre 2000 y 2005. Hoy la democracia se encuentra en riesgo en Venezuela, Georgia, Rusia o Bolivia, a pesar de su crecimiento basado en todos los casos en la exportación de recursos naturales.
En conclusión, el bajo crecimiento económico por sí sólo no es un signo claro de amenaza democrática. Del mismo modo, el alto crecimiento por sí sólo tampoco es ninguna garantía contra la reversión democrática.
Lo mismo sucede con las reformas económicas. Ha habido un gran debate sobre si las democracias podían resistir las terapias de choque o exigían mayor gradualidad reformista. Pero lo que parece más significativo no es el ritmo sino si los efectos beneficiosos de la reforma son ampliamente compartidos por las poblaciones. Hay que mirar más allá de las variables económicas.
Considerando variables políticas, los datos también desmienten que los regímenes parlamentarios sean más propensos a la estabilidad democrática que los presidencialistas (la tasa de reversión es del 36% para los presidencialistas y del 50% para los parlamentarios, siendo el resto no clasificable en estas categorías). La preferencia de los politólogos por el régimen parlamentario se debe a que suponen que protegerá mejor de los riesgos de abuso por el Poder Ejecutivo.
En cambio, si miramos el grado o nivel de constricciones institucionales efectivas del Poder Ejecutivo (eficacia de la oposición política, poder judicial independiente, Tribunal Constitucional efectivo, poderes territoriales autónomos, transparencia, rendición de cuentas...), los datos resultan reveladores, independientemente de que se trate de un régimen presidencialista o parlamentario:
Cuando las constricciones institucionales sobre el Ejecutivo son débiles, la democracia es revertida un 70% de las veces. Cuando las constricciones institucionales son fuertes el porcentaje se reduce a 40%. Analizar los equilibrios de poder que se instalan en los procesos democratizadores resulta, pues, más apropiado que considerar el presidencialismo o parlamentarismo del sistema. (Kapstein y Converse).
Una primera lección que se desprende de estos datos es que no hay círculo virtuoso entre crecimiento económico y democratización. Es necesario atender a la calidad de las instituciones políticas y económicas, formales e informales, vigentes en cada país, más allá del crecimiento y de la institucionalidad democrática y económica formal yeso inevitablemente nos llevará a considerar sus estructuras socio-económicas, su sistema de frenos y contrapesos y sus equilibrios distributivos.
Una segunda lección es que hay que prestar mucha más atención al tipo o calidad de crecimiento, es decir, a la medida en que los ingresos, los activos y las oportunidades están distribuidos. Al fin y al cabo, la redistribución es el espejo económico que refleja el sistema político efectivo de un país. El objetivo democrático y económico debiera ser el mismo: diluir la concentración del poder.
Tercera lección, para los programas de cooperación a la democracia: el apoyo prestado a los regímenes que han promovido reformas neoliberales a expensas del desarrollo institucional (los Menem, Salinas de Gortari, Sánchez de Lozada o Boris Yeltsin) no estaba bien fundado. El apoyo a las democratizaciones no puede hacerse sólo ni principalmente a través de programas de promoción de la democracia. Un apoyo efectivo y sincero a la democracia pasa por una batería de políticas cuyo propósito común de fondo ha de ser la distribución del poder económico y político a la vez que el aumento de las oportunidades vitales para todos los ciudadanos.
La democracia es la lucha incesante por conseguir la participación política igual y libre de todos los ciudadanos en las diversas y cambiantes condiciones sociales, económicas y culturales. Por eso no es un punto de llegada. No hay consolidación democrática. Siempre hay oportunidades y amenazas democráticas. Sin libertad la igualdad es tiranía. Sin igualdad, la libertad de participación es falsedad porque falta la autonomía personal. Cuando falta la libertad-autonomía de la persona no hay democracia verdadera. La responsabilidad de los demócratas es a la vez combatir la concentración del poder y crear las condiciones sociales, económicas e institucionales de la participación igual y libre.

lunes, 23 de enero de 2012

JUSTICIA

Los jueces españoles subordinan su independencia a intereses políticos para ascender, según Transparencia Internacional
La organización pide reforzar la independencia de la Fiscalía Anticorrupción y propone eliminar los privilegios de los aforados
Fecha: 23/01/2012
(EUROPA PRESS) - Los jueces españoles subordinan su "plena independencia" a "ciertos compromisos políticos" si quieren ascender a la cúpula judicial, según un informe de la organización Transparencia Internacional (TI), que destaca que la irresponsabilidad, la corrupción y la ineficiencia de los magistrados no es suficientemente sancionada.
Los resultados provisionales del Proyecto ENIS-España, recogidos por Europa Press, dibujan una judicatura que actúa "normalmente" con ética, responsabilidad y rigor, aún cuando las malas prácticas no sean castigadas como deberían.
La ONG, con sede en Berlín, señala como un punto fuerte de los integrantes de la carrera judicial su independencia --"reconocida de forma expresa" en la Constitución-- aunque censura que su órgano de control está "fuertemente politizado" y que los miembros de los Tribunales Superiores de Justicia se nombran con una "relativa influencia política".
"En suma, existe un cierto incentivo para los jueces que quieran llegar a los puestos superiores de sistema, de subordinar su plena independencia a ciertos compromisos políticos", advierte.
Entre los puntos débiles, el estudio apunta a la falta de recursos y a la sobrecarga de trabajo de los magistrados, así como la "débil rendición de cuentas existente en la práctica, no tanto en la norma, donde existen regulaciones mejorables, pero suficientes".

SORTEO PARA ELEGIR LOS VOCALES DEL CGPJ
Transparencia Internacional recomienda aprobar "una Ley de responsabilidad judicial", que contemple la comparecencia anual del presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ante las Cámaras y una regulación "más eficaz" de las responsabilidades por errores y dilaciones indebidas.
Para despolitizar el órgano de gobierno de los jueces, sugiere que sus vocales sean elegidos "por sorteo" entre magistrados calificados y abogados y juristas de reconocido prestigio, que afronten "una entrevista selectiva pública posterior" en el Parlamento.
En el ámbito de la Justicia, la organización también propone reforzar la independencia del Ministerio Público respecto al Gobierno. "Desde luego la Fiscalía Anticorrupción necesitaría de alguna manera reforzar la protección de su independencia", señala.
La organización internacional también emplaza a eliminar los privilegios de personas que gozan de la condición de aforados, como son diputados, senadores, miembros del Gobierno central o integrantes del CGPJ, del Tribunal Supremo, del Tribunal Constitucional o de la Audiencia Nacional.
"La posibilidad de conseguir un magistrado especial y protección extra son demasiado evidentes como para permanecer impasibles frente a esta realidad", señala en referencia a los aforados. Además, insta a crear un código ético del diputado y a actualizar la normativa de incompatibilidades y conflictos de interés.
La ONG también hace referencia a instituciones como el Defensor del Pueblo, de la que destaca su independencia aunque matiza que su gestión interna es "poco transparente".

BIPARTIDISMO "OMNIPOTENTE"
Los resultados provisionales de Transparencia Internacional resaltan que la "omnipresencia del bipartidismo" conduce a que "todas las ideologías del espectro político" no estén representadas en los medios de comunicación.
"Estos partidos, a través de los gobiernos que controlan, son además los que otorgan las licencias o concesiones de servicios audiovisuales, y la concesión no es, en esta lógica existente, apolítica", añade el estudio.
El hecho de que la democracia española esté "excesivamente" controlada por los dos grandes partidos, reduce y desincentiva la participación de los ciudadanos en el espacio público, según TI. El grupo también pone de relieve la "enorme" influencia de los bancos en los grupos políticos.
"Las consecuencias de todo este modelo para el NIS no son positivas. La independencia de las instituciones se halla siempre en peligro, pues la presión de los dos grandes partidos, sobre todo del que tiene el Gobierno, sobre el legislativo, el judicial (en menor medida) y sobre todos los órganos constitucionales y regulatorios es muy fuerte cuando se tocan sus intereses más preciados", concluye.
 

domingo, 15 de enero de 2012

TOTAL I VIGENT

CRISIS


ENTREVISTA A JACQUES RANCIÈRE

"Hablar de crisis de la sociedad es culpar a sus víctimas"

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Filósofo. Acaba de publicar 'Momentos políticos', una selección de artículos en los que reflexiona sobre los acontecimientos sociales de los últimos 30 años

PAULA CORROTOMadrid15/01/2012 12:25 Actualizado: 15/01/2012 12:25
Rancière, en diciembre de 2010, tras una visita a la Complutense.-

Rancière, en diciembre de 2010, tras una visita a la Complutense.-GABRIEL PECOT

Discípulo de Louis Althusser, Jacques Rancière (Argel, 1940) es uno de los filósofos contemporáneos que más ha reflexionado sobre la ideología, la lucha de clases y la igualdad. Participó en el Mayo del 68 y escribió junto a su maestro Para leer El Capital. Ahora, la editorial Clave Intelectual acaba de publicar Momentos políticos, una selección de los artículos que escribió entre 1977 y 2009 en los que analiza cuestiones tan diversas como la guerra de Irak,la contrarrevolución intelectual que ha transformado la sociedad y la situación de las ideas comunistas. Rancière accedió a esta entrevista por correo electrónico, que ha sido traducida del francés por Marisa Pérez Colina.
¿Estamos viviendo en Europa un "momento político"? ¿Cómo describiría usted este momento?
"En Europa, todos los gobiernos están aplicando el mismo programa de destrucción de lo público"
Yo preferiría decir que se dan las condiciones para un momento así en la medida en que nos hallamos en una situación donde cada día se hace más evidente que los estados nacionales sólo actúan como intermediarios para imponer a los pueblos las voluntades de un poder interestatal, a su vez estrechamente dependiente de los poderes financieros. Un poco en todas partes de Europa, los gobiernos, tanto de derechas como de izquierdas, aplican el mismo programa de destrucción sistemática de los servicios públicos y de todas las formas de solidaridad y protección social que garantizaban un mínimo de igualdad en el tejido social. Un poco en todas partes, pues, se revela la oposición brutal entre una pequeña oligarquía de financieros y políticos, y la masa del pueblo sometida a una precariedad sistemática y desposeída de su poder de decisión, tal y como ha puesto espectacularmente de manifiesto el asunto del referéndum previsto e inmediatamente anulado en Grecia. Por lo tanto se dan, es cierto, las condiciones de un momento político, es decir, de un escenario de manifestación del pueblo frente a los aparatos de dominación. Pero para que tal momento exista, no basta con que se dé una circunstancia: es asimismo necesario que esta sea reconocida por fuerzas susceptibles de convertirla en una demostración, a la vez intelectual y material, y de convertir esta demostración en una palanca capaz de modificar la balanza de fuerzas modificando el propio paisaje de lo perceptible y lo pensable.
¿Qué piensa en concreto del caso español?
Europa presenta situaciones muy diferentes. España es ciertamente el país donde la primera condición se ha cumplido de forma más evidente: el movimiento 15-M ha puesto claramente de manifiesto la distancia entre un poder real del pueblo y unas instituciones llamadas democráticas pero de hecho completamente entregadas a la oligarquía financiera internacional. Queda la segunda condición: la capacidad de transformar un movimiento de protesta en una fuerza autónoma no sólo independiente del sistema estatal y representativo, sino asimismo capaz de arrancar a ese sistema la dirección de la vida pública. En la mayor parte de los países europeos aún nos encontramos lejos de la primera condición.
"Para un renacimiento de la política es necesario organizaciones colectivas con sus objetivos y medios"
¿Los movimientos 15-M y Occupy Wall Street son política?
Estos movimientos responden sin duda a la idea más fundamental de la política: la del poder propio de aquellos a quienes ningún motivo particular destina al ejercicio del poder, la de la manifestación de una capacidad que es la de cualquiera. Y han materializado este poder de una manera asimismo conforme a esta idea fundamental: afirmando este poder del pueblo mediante una subversión de la distribución normal de los espacios: normalmente existen unos espacios, como la calle, destinados a la circulación de individuos y bienes, y unos espacios públicos, como los parlamentos o los ministerios, destinados a la vida pública y al tratamiento de los asuntos comunes. La política siempre se manifiesta a través de una distorsión de esta lógica.
¿Qué deberíamos hacer con los partidos políticos actuales?
"Los manifestantes de hoy ya no poseen horizonte que dé validez a su combate. Son indignados"
Los partidos políticos que hoy conocemos sólo son aparatos destinados a tomar el poder. Un renacimiento de la política pasa por la existencia de organizaciones colectivas que se sustraigan de esta lógica, que definan sus objetivos y sus propios medios de acción, independientemente de las agendas estatales. Independientemente no significa desinteresándose de o haciendo como si estas agendas no existieran. Significa construyendo una dinámica propia, unos espacios de discusión y unas formas de circulación de la información, unos motivos y unas formas de acción dirigidos, en primer lugar, al desarrollo de un poder autónomo de pensar y actuar.
En Mayo del 68, la gente discutía sobre las ideas de Marx..., pero no parece haber ningún filósofo en el 15-M o en OWS.
Hasta donde yo sé, ambos se interesan por la filosofía. Y es preciso recordar la recomendación que los ocupantes de la Sorbona de Mayo del 68 dieron al filósofo que había acudido a apoyar su causa: "Sartre, sé breve". Cuando una inteligencia colectiva se afirma en el movimiento es el momento de prescindir de héroes filosóficos dadores de explicaciones o consignas. No se trata, de hecho, de presencias o ausencias de filósofos. Se trata de la existencia o inexistencia de una visión del mundo que estructure naturalmente la acción colectiva. En Mayo del 68, aunque la forma del movimiento estuviera alejada de los cánones de la política marxista, la explicación marxista del mundo funcionaba como horizonte del movimiento: pese a no ser marxistas, los militantes de Mayo situaban su acción en el marco de una visión de la historia en la que el sistema capitalista estaba llamado a desaparecer bajo los golpes de un movimiento dirigido por su enemigo, la clase obrera organizada. Los manifestantes de hoy ya no poseen ni suelo ni horizonte que dé validez histórica a su combate. Son, en primer lugar, indignados, gentes que rechazan el orden existente sin poder considerarse agentes de un proceso histórico. Y esto es lo que algunos aprovechan para denunciar, interesadamente, su idealismo o su moralismo.
"La democracia no es una forma de Estado. Es un poder del pueblo, siempre en tensión con el Estado"
Usted ha escrito que durante los últimos 30 años hemos vivido una contrarrevolución. ¿Esta situación ha cambiado con estos movimientos populares?
Ciertamente, algo ha cambiado desde la Primavera Árabe y los movimientos de los indignados. Se ha producido una interrupción de la lógica de resignación a la necesidad histórica preconizada por nuestros gobiernos y sostenida por la opinión intelectual. Desde el colapso del sistema soviético, el discurso intelectual contribuía a secundar de forma hipócrita los esfuerzos de los poderes financieros y estatales para hacer estallar las estructuras colectivas de resistencia al poder del mercado. Este discurso había terminado imponiendo la idea de que la revuelta no sólo era inútil, sino también perjudicial. Sea cual sea su porvenir, los movimientos recientes habrán, cuando menos, puesto en tela de juicio esta supuesta fatalidad histórica. Habrán recordado que no tenemos que vérnoslas con una crisis de nuestras sociedades, sino con un momento extremo de la ofensiva destinada a imponer en todas partes las formas más brutales de explotación; y que es posible que quienes son el 99% hagan oír su voz frente a esta ofensiva.
¿Qué podemos hacer para recuperar los valores democráticos?
"El poder de los ciudadanos es el poder de actuar por sí mismos, de tener fuerza autónoma"
Para empezar sería preciso ponerse de acuerdo en lo que llamamos democracia. En Europa nos hemos acostumbrado a identificar democracia con el doble sistema de las instituciones representativas y las del libre mercado. Hoy este idilio es cosa del pasado: el libre mercado se muestra cada vez más como una fuerza de constricción que transforma las instituciones representativas en simples agentes de su voluntad y reduce la libertad de elección de los ciudadanos a las variantes de una misma lógica fundamental. En esta situación, o bien denunciamos la propia idea de democracia como una ilusión, o bien repensamos completamente lo que democracia, en el sentido fuerte del término, significa. La democracia no es, para empezar, una forma de Estado. Es, en primer lugar, la realidad de un poder del pueblo que no puede coincidir jamás con una forma de Estado. Siempre habrá tensión entre la democracia como ejercicio de un poder compartido de pensar y actuar, y el Estado, cuyo mismo principio es apropiarse de este poder. Evidentemente los estados justifican esta apropiación argumentando la complejidad de los problemas, la necesidad de pensar a largo plazo, etc. Pero a decir verdad, los políticos están mucho más sometidos al presente. Recuperar los valores de la democracia es, en primer lugar, reafirmar la existencia de una capacidad de juzgar y decidir, que es la de todos, frente a esa monopolización. Es reafirmar asimismo la necesidad de que esta capacidad se ejerza a través de instituciones propias, distintas de las del Estado. La primera virtud democrática es esta virtud de confianza en la capacidad de cualquiera.
En el prólogo de su libro usted critica a políticos e intelectuales, pero, ¿cuál es la responsabilidad de los ciudadanos en la situación actual y la crisis económica?
Para caracterizar los fenómenos de nuestro tiempo es preciso, en primer lugar, poner en tela de juicio el concepto de crisis. Se habla de crisis de la sociedad, de crisis de la democracia, etc. Es una forma de culpar de la situación actual a las víctimas. Ahora bien, esta situación no es el resultado de una enfermedad de la civilización, sino de la violencia con la que los amos del mundo dirigen hoy su ofensiva contra los pueblos. La gran falta de los ciudadanos sigue siendo hoy la misma de siempre: la que consiste en dejarse desposeer de su poder. Ahora bien, el poder de los ciudadanos es, por encima de todo, el poder de actuar por sí mismos, el de constituirse en fuerza autónoma. La ciudadanía no es una prerrogativa ligada al hecho de estar censado como habitante y elector en un país; es, sobre todo, un ejercicio que no puede ser delegado. Por lo tanto, es preciso oponer claramente este ejercicio de la acción ciudadana a los discursos moralizantes que se escuchan en casi todas partes sobre la responsabilidad de los ciudadanos en la crisis de la democracia: estos discursos deploran el desinterés de los ciudadanos por la vida pública y lo achacan a la deriva individualista de los individuos consumidores. Estos supuestos llamamientos a la responsabilidad ciudadana sólo tienen, de hecho, un efecto: culpar a los ciudadanos para apresarlos más fácilmente en el juego institucional que sólo consiste en seleccionar, entre los miembros de la clase dirigente, a aquellos por los que prefieran dejarse desposeer de su potencia de actuar.
"No hay ningún papel particular que atribuir hoy a la cultura' como entidad global"
Usted es también un apasionado del cine y la literatura, ¿cuáles son las consecuencias de esta crisis para la cultura?
La situación actual es una crisis de los valores comunes donde el poder del capital sobre la sociedad se manifiesta en el individualismo consumista. En este marco, la cultura se presenta a la vez como el tejido de experiencia común amenazado, invadido por los valores mercantiles, y como la instancia encargada de poner remedio a los efectos de esta invasión, de oponer las exigencias de autonomía del arte a la estetización comercial o de volver a tejer las desgarradas redes del vínculo social. Desde mi punto de vista, el poder capitalista se ejerce en primer lugar de arriba a abajo, a través de las políticas estatales que, con el pretexto de luchar contra el egoísmo de los trabajadores privilegiados y de los demócratas individualistas, impone, en nombre de la crisis, un programa de sumisión de todos los aspectos de la vida común a las leyes del mercado. El resultado es que no hay ningún papel particular que atribuir a la cultura como entidad global. Y lo que hoy domina la escena son, en gran medida, las celebraciones culturales oficiales y los discursos intelectuales supuestamente críticos pero realmente sometidos a la lógica oficial.

lunes, 9 de enero de 2012

El abandono de las políticas redistributivas por las izquierdas gobernantes

Artículo publicado en SISTEMA DIGITAL, por Vicenç Navarro. 6 de enero de 2012.

Este artículo critica el abandono por parte de las izquierdas que han gobernado varios países de la Unión Europea, incluyendo España, de las políticas redistributivas, permitiendo con ello una enorme concentración de las rentas y la riqueza que han contribuido a la génesis de la crisis financiera y económica actual.
Una de las características del discurso político de las opciones políticas progresistas gobernantes, tanto en España como en los países a ambos lados del Atlántico Norte (la mayoría de países de Europa y Norteamérica) ha sido el abandono de políticas públicas que intenten redistribuir las rentas y la riqueza de sus países. En España, incluso el término “redistribución” prácticamente ha desaparecido del lenguaje utilizado en los mayores forums políticos y mediáticos del país. Y ello como consecuencia de que ha sido aparcado y dejado de lado por la izquierda gobernante y mayoritaria, es decir, por el PSOE.
Uno de los argumentos utilizado para justificar tal abandono es que su electorado, al que llaman “clases medias” (término que ha substituido el de clase trabajadora, a la cual se la considera que ha desaparecido o que se ha transformado en clase media) no quieren ni oír hablar de tal término, pues -según ellos- temen que, en caso de que las izquierdas gobernantes desarrollen políticas redistributivas, sus impuestos aumentarán. En tal argumento se asume que políticas redistributivas son aquellas que redistribuyen las rentas de las clases medias a las clases humildes, término que se utiliza para definir a la población pobre y vulnerable a la exclusión social. De ahí que para evitar asustar a los que consideran sus bases electorales -las clases medias- no hablan ni practican políticas públicas redistributivas. De esta manera, el discurso y prácticas redistributivas se han substituido por el discurso antipobreza y antiexclusión social y el de ofrecer igualdad de oportunidades a todas las personas en la sociedad, todas ellas medidas que se financian con los ingresos al estado resultado del crecimiento económico.
Tal escenario conceptual ignora, sin embargo, que el enorme crecimiento de las desigualdades ha ocurrido como consecuencia de un gran trasvase de las rentas del trabajo a las rentas del capital y de las rentas de la economía productiva a las rentas de la economía especulativa, determinando con ello una abrumadora concentración de las rentas y de la propiedad en una minoría de la población, concentración que ha tomado lugar a costa de las rentas de la gran mayoría de la población, incluyendo la clase trabajadora y las clases medias.
En realidad, el endeudamiento de la mayoría de la población se debe precisamente a que su capacidad adquisitiva ha ido disminuyendo, mientras que la capacidad adquisitiva de las rentas superiores (que obtienen sus ingresos predominantemente de las rentas del capital) se ha disparado exponencialmente. Así, EE.UU., uno de los países que recoge con mayor precisión este tipo de estadísticas, ha visto -según un informe de la oficina de Presupuestos del Congreso- un enorme crecimiento (un 275% entre 1979 y 2007) de las rentas del 1% de la población -las superiores-, mientras que el 20% de la renta inferior (clase trabajadora no cualificada) ha crecido sólo un 18% y para la mayoría de la población un 60%.
Lo que esto quiere decir es que la riqueza que se está creando (y que se traduce en el crecimiento del PIB) se está concentrando en las rentas superiores a costa de las demás. Este es el resultado de las políticas neoliberales iniciadas por el Presidente Reagan en 1980 y la Sra. Margaret Thatcher en la Gran Bretaña y que han redistribuido las rentas estimulando su concentración. Así lo reconocía nada menos que Martín Wolf, el columnista senior del Finantial Times, en un artículo, “America’s Inequality need not determine the future of Britain” (23.12.11), que ha tenido gran impacto. Tal autor escribía que las rentas de los súper ricos “proceden de su extracción de la economía, resultado de la falta de control sobre los ejecutivos financieros y sobre el mundo empresarial como consecuencia de las políticas desreguladoras y políticas regresivas seguidas durante todos estos años”.
Ni que decir tiene que otros factores explican también el crecimiento de tales desigualdades, incluyendo los cambios demográficos (más familias monoparentales) y tecnológicos (productividad variable) entre otros. Pero los factores más determinantes son los políticos y económicos que Martin Wolf considera deben cambiarse. Este periodista del Finantial Times reconoce que los centros financieros y empresariales se opondrán a tales cambios, pero a pesar de ello acentúa que deben hacerse. Termina Martin Wolf su artículo aludiendo a una cita famosa del  artículo de Warren Buffet en el The New York Times (14.08.2011), “ha existido una guerra de clases -class war- en los últimos veinte años -y mi clase- la de los financieros ha estado ganándola”. Tal observación -añade Martin Wolf- no ha hecho a Warren Buffet muy popular entre sus iguales. Pero concluye Martin Wolf “lo que dice Warren Buffet es cierto”.  Es de agradecer que uno de los portavoces del diario Financial Times que, junto con el The Economist, han promocionado más tales políticas neoliberales, reconozca que hay una lucha de clases y que la han estado ganando, con la complicidad de las clases políticas y mediáticas dominantes.
En España tal debate ni siquiera existe. Es incluso inimaginable que las Cortes Españolas hicieran un informe sobre la distribución de las rentas en España (uno de los países de la UE-15 con mayores desigualdades), ni siquiera durante el gobierno socialista, cuyo candidato a las últimas elecciones, el Sr. Rubalcaba fue incluso criticado paradójicamente por el candidato Rajoy del partido conservador-neoliberal, el Partido Popular, por haber aumentado las desigualdades de renta durante su mandato, ignorando que las políticas del PP, tanto pasadas como las propuestas de futuro, contribuyeron y contribuirán todavía más a este crecimiento de las desigualdades en España. Y así estamos.